sábado, 1 de agosto de 2009

Cavernas

Mucha gente piensa que se suele idealizar a la gente que nunca llegamos a conocer, sea esto literal o metafórico.
Nunca tuve el placer de conocer a mi abuelo, y quizá por eso contemplo todas sus virtudes desde una distancia admirativa.
Estamos de mudanza, y ayer encontré una libreta y unos cuantos papeles desgastados llenos de historias que escribió hace ya treinta años. Estoy intentando recuperarlas. Quizá para alimentar mi idealismo, quizá porque sea la única forma que ahora se me ocurre de imaginar un recuerdo que no poseo.
Más peligroso resulta, supongo, idealizar a personas que no conocemos, aunque estén a menos de un metro de nosotros. y llevemos meses a su lado, meses conversando, meses y meses. La distancia puede incluso resultar abismal. El idealizar tiene ese punto romántico, de los poemas desgarrados. Y ese punto infantil y nostálgico, que nos recuerda constantemente la vulnerabilidad del ser humano. Por mucho que diga Platón, salimos de la cavernas de las apariencias para llegar a la caverna de las ideas. ¿Qué es la propia idea? ¿Somos nosotros mismos extrapolados a un fuera? ¿Es la idea la que nos hace a nosotros mismos?
Yo tengo esperanza en mis estalactitas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que lindo! Subiras algo de lo que escribio al blog?

Nuestros ancestros... Es una historia fascinante, no? Pensar que somos sangre de su sangre y carne de su carne...

-Samu

Publicar un comentario