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lunes, 25 de mayo de 2015

José Jiménez Lozano

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The Renowned Orders of the Night



Anselm Kiefer -El célebre orden de la noche

El ojo del mundo




Tras la lluvia,
en el jardín de arena,
un guijarro negro relucía
como el ojo del mundo.
Y quizá lo era.



Libertad



Porque sí, el agua

echó a correr, saltándose el regato.
¿Hacia dónde?
¿Y qué le importa al agua?







Elegías menores, 2002

miércoles, 4 de abril de 2012

Prometeo, de Goethe

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Cubre tu cielo, Zeus,
con un velo de nubes,
y juega, tal muchacho
que descabeza cardos,
con encinas y montañas;
pero mi tierra
deja en paz
y mi cabaña,
que tú no has hecho,
y mi hogar,
por cuyo fuego
me envidias.

¡No conozco nada más miserable bajo el sol
que vosotros, dioses!
Pobremente sustentáis con sacrificios
y aliento de oraciones
vuestra majestad,
y moriríais
si pordioseros y niños
no enloqueciesen de esperanza.

¡Y, cuando era niño,
no sabía por qué volvía
al sol la mirada extraviada!
¡Como si en lo alto alguien hubiera
que oyese mi lamento,
o un corazón que, como el mío,
se apiadase del oprimido!

¿Quién me ayudó
contra la furia de los titanes?
¿Quién me salvó de la muerte
y de la esclavitud?
¿Acaso no lo hiciste tú todo,
sagrado y ardiente corazón?
¿Y te consumiste, joven y bueno,
engañado, esperando algo
del que duerme allá arriba?
¿Que te venere? ¿Para qué?
¿Has mitigado el dolor del ofendido?
¿Has enjugado el llanto del sumido en la angustia?
¿Acaso no me hicieron hombre
el tiempo omnipotente
y el eterno destino,
mis señores y los tuyos?
¿Creíste tal vez
que odiar debía la vida
y huir al desierto
porque no todos los sueños maduraron?

Aquí estoy y me afianzo;
formo hombres
según mi idea;
un linaje semejante a mí,
que sufra, llore,
goce y se alegre,
¡y que no te respete,
como yo!

viernes, 2 de marzo de 2012

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"Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. Envía sus versos a las revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien -ya que me permite darle consejo- he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie... No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: "¿Debo yo escribir?" Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un "Si debo" firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida. Que hasta en su hora de menor interés y de menor importancia, debe llegar a ser signo y testimonio de ese apremiante impulso. Acérquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde. No escriba versos de amor. Rehuya, al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los más difíciles. Pues se necesita una fuerza muy grande y muy madura para poder dar de sí algo propio ahí donde existe ya multitud de buenos y, en parte, brillantes legados. Por esto, líbrese de los motivos de índole general. Recurra a los que cada día le ofrece su propia vida. Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Valiéndose, para expresarse, de las cosas que lo rodean. De las imágenes que pueblan sus sueños. Y de todo cuanto vive en el recuerdo.[...]

Su duda puede tornarse una virtud, si usted la educa. Debe convertirse en saber y en crítica. Pregúntele, cada vez que ella quiera echarle algo por tierra, por qué ese algo está mal. Exíjale pruebas. Sométala a un examen. Acaso la encuentre entonces perpleja, confundida. O quizás rebelde, levantisca. Pero no ceda usted. Exija argumentos y obre así, alerta y consecuente, siempre y cada vez que sea preciso. Ya vendrá luego el día en que el dudar deje de ser destructor, para convertirse en uno de sus mejores obreros, el más inteligente, tal vez, entre todos los que van edificando la vida de usted.

Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta.

sábado, 25 de febrero de 2012

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ODA A GUSTAV MAHLER
por
Luis Gastón Soublette
Yo quiero buscarte entre los pliegues más secretos
de tu religión sonora,
aHí donde no llegara ningún diapasón viviente
sino tan sólo el chino pobre y sonriente
el taoísta inmortal con su flauta de jade
y su canción de la tierra.
Yo me pregunto:
¿sabrán acaso los músicos
o las butacas atentas de este siglo,
cuál es el dios de tus oboes
y el ala azul de tus clarinetes
y el sol de oro de tus trompas congregadas
en el rojo mar de los violines?
¿Habrán gustado la melancólica caña de tus violas
habrán visto a tu cisne con sordina
y al meteoro ovalado de tus trompetas?
¿Conocerán acaso ese bosque
de plumas, de metales y de sombras
en que nacieron las aves tutelares de tu orquesta?
Por el agua milagrosa de tu nombre,
Orfeo caminante de los parques imperiales,
yo te invito a los pies de la más callada esfinge,
donde no sabrías ocultarme tu rostro
para interrogarte al fin ¿quién eres?
¿Qué cautiva divinidad se debate amordazada
en las voces subterráneas
de tu inmensa partitura?
Yo quisiera sacar una a una
las estrellas de tu zodíaco cantante
y decir por ejemplo: los amigos están en el lago
y conversan en su isla de porcelana;
los amigos se sumergen
en el reflejo infinito de las nubes.
D decir también: el firmamento será siempre azul,
mas yo me ahogaré en la roja laguna de mi copa.
D también decir: duérmete, duérmete mi niño
duérmete en la luna fría
raptado por el viento al Himalaya.
y luego despertar en el arpa desgarrada
de David acosado por los cellos
en el foso de los teatros,
o en el dorado coche de un scherzo
pasear todo el juego y el ensueño
de los niños alemanes,
o morir en la leyenda tan hermosa
de las lámparas de Viena.
Señor de los salmos y del vals,
yo ya sé que hay amigos inmortales
y retornos verdaderos
al abrazo de los montes.
Cuando tú saliste de tu tumba
para ser el Macabeo invencible
de los desiertos nublados,
yo te supe prendido en la maraña
de los jóvenes presentimientos.
Aún no caían sobre este valle
los alfanges relucientes de tu amanecer.
Pero yo me pregunto ¿puede morir un Zaratustra
sin que la tierra toda se sacuda
al recibir su estatua endurecida?
y aquí estás ahora, porque tú vuelves
para este último día de ciudad amortajada,
como aquellos que se marchan solitarios
llevando en su corona
todas las espinas del mundo
para volver con un roclo de estrellas
sobre su frente rechazada.
Tú bien sabes, Dionisio de las mil sinfonías,
que la pobre satisfacción humana
escupe siempre su mísero escrutinio
al rostro de los leones de negra cabellera,
para caer después de bruces
contra el pie de sus torres consagradas.
¿Y qué dirá el mundo de tus obras,
cómo mirarán la arquitectura de tu noble perfil,
tus ríos elegidos, tus niños
la escritura toda de tu alma, que entregastes
en la extremaunción de tu imperio?
Porque tú fuistes el que vio
las sangrientas estrellas del adiós,
que arrebatarían al mar de los tiempos
su última Venecia rezagada.
Porque tú fuistes el Jeremías,
el solo, el inmenso,
el anunciador del otoño inevitable,
hermoso como un dios muerto de amor.
Con un temblor de selvas
invadidas por centauros
te llevabas a la boca
la última ternura de las uvas,
y tu mano despedía a la más hermosa espiga,
aquella que recoge para sí sola
la muchacha desnuda del crepúsculo.
Y así preparabas un llanto
de montafias condenadas
a pagar con su misterio
el cataclismo de todos los jardines
pisoteados para siempre.
Oh belleza incomprensible
de la caída humana.
Oh hambre más rico
que la hartura estrellada de los cielos.
Oh desierto insaciable de Caín el extranjero.
Tú eras uno de esos Gustav Mahler
como lo era el amarillo vagabundo
de la luna enamorada.
Tú eras de esa raza perseguida,
misterioso volcán moribundo,
y tuvistes que quemar en sinfonías
las manos de tu amor rapaz
capaz de arañar todos los rostros
y todos los mares helados de los hombres.
Pero ¿quién conoce tus más puros caracteres
y el poder de tus más tiernos filamentos?
Porque, cuando se detienen tus castillos
canta la brisa
de la más preciosa ventana,
la más humilde y cristalina
como el ojo de una niña
que llora por la nada
y derriba sin saberlo
los astros más lejanos
con el eco de su fragilidad infinita.
Zulamita perdida entre caimanes,
siempre se escuchará la pregunta
que desfallece en tu viola demacrada.
Mas, todo acaba en sombras,
negros patagiones cierran la corola inconfesada
y a la pradera obscura
no volverá jamás un ángel.

Obwohl du nicht das weisst, ich so viel dir verdank.

domingo, 15 de enero de 2012

Declaración de amor

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"[...] No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan.

Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

[...]

Federico García Lorca, "Discurso de inauguración de la biblioteca de su pueblo"


domingo, 11 de diciembre de 2011

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¡Oh, vosotros los sabios de alta y profunda ciencia, que habéis meditado y sabéis dónde, cuándo y cómo se une todo en la Naturaleza, el por qué de todos esos amores y besos; vosotros, sabios sublimes, decídmelo!
¡Poned en el potro vuestro sutil ingenio y decidme dónde, cuando y cómo me ocurrió amar,por qué me ocurrió amar!
Burger (Citado por Schopenhauer en el inicio de su El amor, las mujeres y la muerte)

miércoles, 30 de noviembre de 2011

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Tan sólo compartimos los bares y las calles
antes de amarnos contra tres espejos:
¿qué más podría darme tu recuerdo?

Pero yo sé guardar y usar lo triste y lo barato
en el mismo bolsillo donde llevo esta vida
que ilustrará las biografías. Ve, pequeño fantasma,
el baño está ahí al lado,
yo fumaré esperándote
empezaremos otra vez.

"Canadá dry", de J. Cortázar

sábado, 26 de noviembre de 2011

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o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

sábado, 5 de noviembre de 2011

A las Matildes.

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Muerte de Lucrecia, D. Campeny


Puede parecer un acto de horrible esnobismo que tres crisis fundamentales de mi vida se sucedieran en París, pero efectivamente así fue. La primera se produjo en el invierno de 1935, cuando yo era un muchacho de 24 años. Desee 1930 milité en la Juventud Comunista, cuando la dictadura del general Uriburu. Abandoné estudios, familia y mis comodidades burguesas. Viví con nombre supuesto en La Plata, en cuyos suburbios estaban los dos frigoríficos más grandes del país, donde se explotaba despiadadamente a toda clase de inmigrantes, que vivían amontonados en tugurios de zinc, rodeados de pantanos de aguas podridas. Repartíamos manifiestos, participábamos de la organización de huelgas. Hacia 1933 fue ya secretario de la Juventud Comunista, cuando habían empezado mis dudas sobre el estalinismo, y entonces resolvieron mandarme a las Escuelas Leninistas de Moscú, a purificarme. Si hubiese ido, no habría vuelto jamás vivo. Tenía que pasar previamente por Bruselas, por un congreso contra el fascismo y allí supe con horrendos detalles de los "procesos" de Moscú. Me escapé a París, viví un invierno muy duro en la piecita de un compañero disidente, mientras el partido me buscaba. Logré volver a la Plata, donde proseguí mi carrera en física-metemática. Cuando terminé mi dieron una bourse para trabajar en el laboratorio Curie, donde trabajé durante casi un año y, allí en París, asistí a la ruptura del átomo de uranio, que se disputaban tres laboratorios: ganó la "carrera" un alemán. Pensé que era el comienzo del Apocalipsis. Viví en una confusión horrible, mientras escribía mi primera novela y cometí la infamia de dejar que Matilde se volviera a la Argentina con nuestro primer hijo, de pocos meses, mientras yo tenía una amante rusa. La tercera crisis fue consecuencia de todo esto, y de mi vínculo con los surrealistas: Domínguez, Matta, Wifredo Lam y otros. En otro día de invierno fuimos con Domínguez, a la tarde, al Marché aux Puces y volvimos después en el Metro hasta Montparnasse, donde tenía su estudio Domínguez. En la calle, ya era de noche, en un especie de nevisca, Domínguez se detuvo y me dijo:"¿Qué te parece si esta noche nos suicidamos juntos ?" No era una broma, era muy propenso, como lo probó años después. Yo me negué, aunque también me atraía el suicidio: me salvó mi instinto, y aquí estoy, junto a la Matilde de todos los tiempos, una de esas "mujeres fuertes de la Biblia", que está muriendo, en medio del dolor más profundo de mi vida, en el final de una existencia muy compleja.

Ernesto Sábato, 1995.

domingo, 16 de octubre de 2011

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F. de Goya, "El perro"

Quizá no llegas porque no existes.
Lo llevo mal llevado, qué quieren que les diga.

miércoles, 24 de agosto de 2011

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Poema doble del Lago Edén, de Federico García Lorca
[...]
Quiero llorar porque me da la gana,
como lloran los niños del último banco,
porque no soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja
pero sí un pulso herido que ronda las cosas del otro lado.
[...]

lunes, 22 de agosto de 2011

Tresviso y la vida

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"Soy casi un beso del infierno,
pero un beso, al fin."
Joan Manuel Serrat

La imagen corresponde al río Deva, inicio de la subida al pueblo lebaniego de Tresviso. La totalidad de la ruta se puede ver aquí (que por cierto, esta foto es de mi tío Ernesto). Fue muy dura. Hubo un tramo en el que no comprendía qué hacía yo allí, subiendo aquello. Pero valió la pena. El paisaje es maravilloso y el camino vibra de una manera que toda palabra es vana e insuficiente. Tresviso es un pueblo al que tengo mucho cariño por memoria histórica y por memoria genética. Y la subida nos enseña algo que las nuevas generaciones ya hemos perdido por el camino: el esfuerzo que suponía poder comer todos los días, el valor de lo artesano, el daño que nos hacen las comodidades, anulándonos y limitándonos. Eso me lo hizo ver claramente Consuelo, hija de Lauriano, que el camino que tanto nos había costado a nosotros tenía que hacerlo todos los días (varias veces) con el "ganao". Muchos me dijeron: "¿y por qué no lo hiciste en coche?", a lo que sólo se puede responder desde la objetividad: "porque no se puede". No se puede porque el coche no resiste el desnivel y las piedras y porque no se puede a nivel humano. Lo que da la subida a Tresviso no me lo había dado ningún camino antes, y eso que ahora ya lo hacen muchos turistas y que uno de sus paisajes es una canal que porta agua de un sitio a otro de Liébana (es decir, que el paisaje es muy bonito, pero no es el mejor paisaje de la provincia ni mucho menos). La subida nos recuerda aquello que fuimos antes de tener extensiones artificiales, nos recuerda aquello que podemos ser si todo el artificio se termina. Algo que debemos recordar más a menudo, porque la frontera entre el lujo y el consumo y la miseria no sólo se encuentra entre "los nortes" y "los sures", sino en determinadas firmas de determinadas plumas en determinados despachos. Tresviso recuerda nuestra debilidad como ser humano, algo que de cuando en cuando nos hace volver a pensar en nuestro sitio, tan alejado del centro del universo y tan próximo a aquello de lo que queremos prescindir a diario como si no fuera nuestra afortunada deuda: la naturaleza, esa utopía (no lugar) al que en vano podemos regresar. Si alguna vez existió el paraíso, se encuentra en lo que nunca tuvimos. Los lugares en los que no hay cobertura, un coche no puede pasar, puedes coger higos y moras y beber agua directamente del río, como Tresviso, nos abandonan por haber claudicado ante lo que no es eso. Pero Tresviso nos da una oportunidad, aunque sólo sea para contarnos lo que nos queda por destruir y el precio de hacerlo.

domingo, 10 de julio de 2011

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Empezamos aprendiendo juntos. Me soltaste la mano y me fui volando. A veces, alguien recoge lo que queda de mis vuelos, pero nunca toco tierra firme. Ahora parece que mis vuelos me han hecho alguien interesante. Nada más lejos de la verdad. Tú seguiste haciéndote mayor mientras remendabas los agujeros de mis calcetines, la última prenda que dejé en el mundo antes de marcharme. No regresaré nunca a por ellos.

sábado, 25 de junio de 2011

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El reloj de arena tuvo que haberse detenido 1460 días. Llegó el desmoronamiento del primer curso. De pronto, viví la mentira de la totalidad. Fue tan sencillo y tan complicado como que me cambió la vida. También me salieron más ojeras, más arrugas y he perdido mucha vista. Ya no quiero comerme el mundo: antes el mundo de mi festín era sólo un frenesí, una ilusión. Otras cosas me marcaron para siempre, por ejemplo, un fortuito viaje a Italia que nunca hice y los camarones con cerveza. Es curioso. En estos cuatro años aprendí, sobre todo, que todo lo que pierde sentido lo está ganando a la vez.
Tuvo que haberse detenido, porque el tiempo pasó demasiado deprisa. Ya está, así que era esto. ¿Y ahora? Ay, mamá, no quiero ir al colegio.

lunes, 6 de junio de 2011

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Decálogo.
Quiero que la primavera haga conmigo lo que hace con los cerezos, y los naranjos y los almendros. Quiero que for Brenda with love sea para mí y que "cuando ella toque el piano" no toque el piano sino el violín y que sobreviva Barcelona o Singapur gracias a mí. Quiero que Mahler me escriba que el único acorde que ya tiene sentido para él es te quiero. Quiero que no vean la Barcarola de Offenbach por mirarme a mí en el Palco. Quiero que venga Peter Pan todos los años y que siempre me vea joven o que, de pronto, decida que quiere envejecer a mi lado.

domingo, 24 de abril de 2011

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Este es el laberinto de Creta. Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro. Este es el laberinto de Creta cuyo laberinto fue el Minotauro que Dante imaginó como un toro con cabeza de hombre y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones como María Kodama y yo nos perdimos. Este es el laberinto de Creta cuyo laberinto fue el Minotauro que Dante imaginó como un toro con cabeza de hombre y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones como María Kodama y yo nos perdimos en aquella mañana y seguimos perdidos en el tiempo, ese otro laberinto.

lunes, 14 de marzo de 2011

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De pronto el mundo parece borroso. Estoy en la biblioteca, con los grandes ventanales que muestran un campus con sus jardines vacíos. Llueve, llueve mucho, en diagonal, como llovía en los coches de mi infancia y yo jugaba con mi hermano a ver qué gota llegaba antes a tocar la junta plástica de la ventana. Estoy rodeada de libros, pero nada de lo que me cuentan me sirve de nada, no me cuentan nada del mundo. Quizá es porque suena una versión de Chet Baker de These foolish things, pero de pronto todo me parece un poco más triste. El mundo se ha olvidado de vivir.

martes, 1 de marzo de 2011

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Paul Klee, The twittering machine


Volver a la infancia para comprobar que ese lugar nunca existió. Nunca fuimos pequeños.

jueves, 24 de febrero de 2011

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Detalle de El abrazo, de Egon Schiele
Las camas de noventa tienen una característica: al ser individuales, no tienen lado izquierdo ni lado derecho. Quiero que mi cama de noventa sea de los dos. Sin lados. Y que creemos un mundo.

domingo, 6 de febrero de 2011

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Schiele, E., Liegender weiblicher Akt

Te voy a echar mucho de menos.