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lunes, 5 de abril de 2010
¡¡¡qué crack!! ¡¡Qué bonita interpretación!!
Publicado por Prof. Dr. Dr. H. C. Katharina von Müllentsorgung en 13:57 5 comentariosviernes, 3 de julio de 2009
Popurrí
Publicado por Prof. Dr. Dr. H. C. Katharina von Müllentsorgung en 0:22 1 comentarios
Francamente, tengo unas muy enormes ganas de escribir. No sé si les ha pasado, pero tengo esa sensación de tener algo que decir. Pero me pasa como a Nietzsche (y le cito sin saber donde cojones lo dijo. La primera vez que oí esta reflexión provenía de un profesor y elogié su pensamiento. Este año me han desvelado fuentes indirectas que fue el susodicho -Nietzsche- quien enunció lo que sigue) -lo cual ya había contestado en algún comentario en los primeros posts- que me gusta leer y que ello me lleva a darme cuenta de mis limitaciones literario-expresivas. Vaya, que no me sale bien el asunto. Antes, cuando era más... pequeña, escribía más alegremente. Alguna vez, incluso, de mucho más pequeña, llegué a atreverme a afirmar que escribir es fácil. Ojalá lo fuera. Claro, que de tan pequeña no había leído tanto, y quizá tampoco quería plantearme mis limitaciones. Lees a tantos grandes...
También me pasa la filosofía, COMO SIEMPRE. ¿Qué pasa? Que escribo y borro, que escribo y borro... porque ya no escribo ingenuamente, sino que pienso y repienso cada (puta) palabra, porque quizá ya no es todo tan simple. Pero precisamente quiero volver a esa dulce ingenuidad. Supongo que saben a lo que me refiero: escribir, escribir sin más. Así, de repente. Retomaré a Tristan Tzara para volver a soltarme, posiblemente.
Ayer en el tranvía había un yonki simpático, que sentado en un vagón en el que sólo estábamos él y yo, sentados diametralmente opuestos, se puso a contar su vida literalmente, recordando su juventud, refiriéndose a un locutor (creo) inexistente, con frases del estilo "usted me entiende, ¿no?" ó "Ya sabe usted como son estas cosas...". Me gustó mucho, porque hablaba e iba comprendiendo cosas de sí mismo, o eso parecía. Y bueno, hoy fui a un concierto de la Banda del Conservatorio Profesional de música de Tenerife y había unas niñas que bailaban y alzaban la voz pese a la música. Normalmente me jode la gente que habla en los conciertos. Pero qué coño. No se lo perdono porque fueran unas niñas monísimas (que en realidad sí influye un poquito), sino porque en realidad ninguno de los allí presentes salvo ellas se atreverían a gritar lo que nos viniese en gana en un concierto. Y tiene mucho mérito. El mundo de los niños no tiene reglas, o no ninguna que sea compartida por los adultos. Cada vez los niños quieren ser adultos más temprano, lo cual es incomprensible para mi persona por más que lo intento. A veces lees noticias aterradoras, de madres de doce años y movidas así.
Posiblemente pronto empiece con las críticas a conciertos. Iba a escribirlo todo en esta entrada, pero creo que ya sería demasiado macedónico.
Les recomiendo que escuchen -más allá de las convicciones religiosas- si quieren el aria del aria de la Pasión según San Mateo del maestro: Erbarme dich, mein Gott. He ahí la letra:
¡Buenas noches!
También me pasa la filosofía, COMO SIEMPRE. ¿Qué pasa? Que escribo y borro, que escribo y borro... porque ya no escribo ingenuamente, sino que pienso y repienso cada (puta) palabra, porque quizá ya no es todo tan simple. Pero precisamente quiero volver a esa dulce ingenuidad. Supongo que saben a lo que me refiero: escribir, escribir sin más. Así, de repente. Retomaré a Tristan Tzara para volver a soltarme, posiblemente.
Ayer en el tranvía había un yonki simpático, que sentado en un vagón en el que sólo estábamos él y yo, sentados diametralmente opuestos, se puso a contar su vida literalmente, recordando su juventud, refiriéndose a un locutor (creo) inexistente, con frases del estilo "usted me entiende, ¿no?" ó "Ya sabe usted como son estas cosas...". Me gustó mucho, porque hablaba e iba comprendiendo cosas de sí mismo, o eso parecía. Y bueno, hoy fui a un concierto de la Banda del Conservatorio Profesional de música de Tenerife y había unas niñas que bailaban y alzaban la voz pese a la música. Normalmente me jode la gente que habla en los conciertos. Pero qué coño. No se lo perdono porque fueran unas niñas monísimas (que en realidad sí influye un poquito), sino porque en realidad ninguno de los allí presentes salvo ellas se atreverían a gritar lo que nos viniese en gana en un concierto. Y tiene mucho mérito. El mundo de los niños no tiene reglas, o no ninguna que sea compartida por los adultos. Cada vez los niños quieren ser adultos más temprano, lo cual es incomprensible para mi persona por más que lo intento. A veces lees noticias aterradoras, de madres de doce años y movidas así.
Posiblemente pronto empiece con las críticas a conciertos. Iba a escribirlo todo en esta entrada, pero creo que ya sería demasiado macedónico.
Les recomiendo que escuchen -más allá de las convicciones religiosas- si quieren el aria del aria de la Pasión según San Mateo del maestro: Erbarme dich, mein Gott. He ahí la letra:
Erbarme dich, mein Gott,
Um meiner Zähren willen;
Schaue hier,
Herz und Auge Weint vor dir
bitterlich.
Erbarme dich!
Um meiner Zähren willen;
Schaue hier,
Herz und Auge Weint vor dir
bitterlich.
Erbarme dich!
¡Buenas noches!
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