lunes, 18 de enero de 2010

Reflexiones nocturnas

Sobre la última publicación de mi querido Asdepiqas es su blogspot /Qaminando.
Fue Pascal el que hace unos años dijo:
"Hay veces en que el corazón tiene razones que la razón no entiende"


Sobre el minidebate formado a colación de la imagen de Hegel, he estado pensando en los intersticios entre el estudio y el estudio:
La realidad, sea continua o no lo sea, no podremos saberlo conc erteza a menos que salgamos de nosotros mismos. Esta afirmación, que parte de una hipótesis, se contrasta al asumir nuestras limitaciones sensoriales y la mediación histórico-dialéctica que se da entre nosotros y el mundo. Suponemos que la realidad es continua, pero que se expresa ante nosotros desordenada y es nuestra racionalidad la que la ordena. Valga referirse a estudios como los de la Gestalt, que trataron de probar las leyes de la asociación, de la buena forma, etc. que de un modo u otro hacen de eso que percibimos que no sea real, pues al ser sólo real para mí (o en términos genéricos, para sí) tengo que suponer que al expresar lo que yo considero que es para mí parto de dos principios, que en el fondo son dos posiciones metafísicas: i) asumo que tengo la capacidad de acceder a mi capacidad perceptual y ii) supongo que puedo expresarlo. Me acuerdo de la famosa sentencia de Gorgias el sofista:
“nada existe; si algo existe, no puede ser conocido por los hombres; si se puede conocer, no se puede comunicar y explicar a los demás”.
A veces pienso que es puro miedo el que tenemos al asumir tal afirmación. Ya no es abandonar el confort metafísico que nos recuerda Nietzsche, o sea, esa sensación de estar anclados a alguna certeza, sino que tal sentencia nos dinamita todo el ego humano, esa superpotencia cognoscitiva emergente gracias al lenguaje y a nuestra capacidad racional "superior". ¿Puede considerarse continua una realidad mediada, no sólo desde la perspectiva de nuestra capacidad cognoscitiva, sino por el devenir histórico cultural? ¿Son continuos los procesos históricos? ¿Debe hablarse de un progreso lineal o circular, o nada de eso, sino como en la imagen, revertido contra sí mismo? Quizá eso quiso decir Nietzsche con la idea del Eterno retorno, pero en un sentido menos literal. Todo vuelve a suceder otra vez, pero es que en realidad nada sucede o todo sucede demasiado. La historia se cruza y entre cruza, se repite el pasado y se augura el futuro en las acciones del presente, un presente que es efímero y que no tiene límites, porque el ahora ya pasó y el ahora está siempre en el futuro. Las líneas de la realidad se cruzan, se tachan, se repiten. ¿Serán esos los renglones torcidos de Dios? Partiendo de la hipótesis primera, en el caso de poder salir de nosotros mismos para contemplar tal realidad, ¿podríamos asumirla? ¿podríamos asumir que la gravedad existe pese a nosotros? ¿La gravedad acaso existe pese a nosotros? ¿o son nuestra construcción de la realidad la que hace que la gravedad sea la gravedad?
Otro problema que considero que se da está en la relación entre el sujeto y el objeto, que ya dibujó Marx, entre otros, siguiendo, por cierto, la línea hegeliana. El sujeto se enfrenta al objeto, pongamos la realidad, distanciado, frío, con intentos de objetivismo. SIn embargo, el sujeto transforma la realidad en la medida en que se relaciona con ésta. Como plantea la Escuela de Frankfurt, a veces es más lo que tiene de sujeto el objeto que viceversa. El sujeto crea o experimenta con un objeto que saca de sí, haciendo que se elimine su pertenencia al sujeto, se co-existencia, la extensión de. EL objeto, lanzado a la realidad objetiva, existe porque nace de una subjetividad, subjetividad construída en la objetividad que no puede conocer. O sea, el subjeto es en realidad un objeto de esa realidad, que se construye y deviene. En tanto que nosotros somos también realidad, y que afectamos al curso histórico a la misma vez que somos afectados por éste, es decir, si nosotros somos tal realidad enmarañada, inconstante, compleja, ¿podemos conocernos a nosotros mismos? ¿es nuestra realidad de la misma naturaleza que esa otra realidad?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Todo este pensamiento debería usted afinarlo un poco. Va por buen camino, pequeño saltamontes,pero la cosa tiene mucha miga, amiga. No me importa ser tu pinche-becario en general, ni en cosas de dialéctica en particular, pero me fastidia perder el tiempo (el poco que me dejas libre) buscando un libro que tu has conseguido en Perú. Decididamente me iré al Tibet. Espero que allí no me encuentre otra vez a Tintín persiguiendo al Yeti.
Bekario von Scheisse

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